Fátima Huertas

MAR

MAR

Desde la seca tierra donde vivo
hoy llamo al mar a gritos
implorando
Recubrir de azul este desierto
refrescando este yermo
paisaje de guijarros.

Espuma blanca
Arrebata con tu fuerza
la aspereza de este campo
de espinas
y verdéalo con algas frescas.

Llévatelo, ola.
Arrástralo hasta el fondo.
Este hatío
Esta aridez que todo lo consume
y lléname
de Océanos el alma.

La Vieja

LA VIEJA

Guardo en el alma
el sol y la luz
de un día estival.

En el tacto conservo
una carica
que recorrio mi espalda
en un espasmo fascinante.

Un beso se quedó
colgando
en la comisura de mi boca
y a veces lo relamo
como las sobras
de un buen manjar.

En mi cabello
se quedó el perfume
de la hierba fresca
Y en el aire que respiro inhalo
el recuerdo de una tarde

Pecadora

No peques pecadora.
Veo temblar tus labios
a escondidas
y te mueres
por ser lo que no eres.

No mientas a tu corazón
No lo oprimas
Las lágrimas que él no derrama
van escritas a fuego
en tus pupilas.

La ojeras te asoman
en el rostro
delatando el dolor
que está escondido
y que guardas en el pecho
como un un muerto..
Enterrado vivo.

Te mueres.

Tú te mueres en vida.

La Lluvia

La lluvia canta, gota a gota
en el suelo, en el tejado
En el alma mojada
también canta.

Un himno de ensoñadas fantasías
que se mecen con las gotas derramadas.

Espera el sueño, nadando
como un niño, como un perro
la mano que amorosa lo recoja.

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