Por Carmen Bejar
Tú no escuches a nadie.
Tú sigue encadenado a tus celos.
Tú sigue y sigue.
Regalando sufrimiento.
Te verás solo, solito, solo.
¡Solo con tus celos y sus consecuencias!
He llorado, tanto, tanto...
Que no me quedan lágrimas.
Para mojar mi llanto.