El día más feliz de mi vida

El día más feliz de mi vida.

- ¡Aaayyy!

- ¿Te duele mucho?

Mi amorcín había dejado de engullir pasta, sobresaltado por mi quejido, y me miraba sin dejar de masticar. Le brillaba la barbilla. La salsa estaba pringosilla, como a el le gusta, y un pedazo de spaghetti colgaba de la comisura de sus labios, ¡Dios mío, que ciego es el amor!

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