Tengo cáncer

Hay vida más allá de un diagnóstico de cáncer.
El Doctor Juan de la Haba Rodríguez, oncólogo del Hospital Universitario "Reina Sofía", así lo transmite en este artículo tan directo y a la vez, tan humano. Aborda, con sencillez y claridad, los sentimientos que asaltan a una persona cuando le diagnostican un cáncer: sus dudas, sus miedos, sus incertidumbres… Y, sobre todo, aporta soluciones, anima a descubrir los entresijos de esta dura enfermedad, a enfrentarla y desdramatizarla, en la medida de lo posible, para evitar que el cáncer le pueda a la Vida.

En los años que llevo ejerciendo esta profesión, que por casualidad me escogió, se toma contacto todos los días con muchos hombres y mujeres que acuden a la consulta de oncología médica, envueltas en incredulidad, sorpresa o simplemente zarandeadas por la enfermedad y con la perspectiva parcial de una vida que se descubre tal y como es, limitada el tiempo. También son muchas las experiencias, todas diferentes, que se repiten una y otra vez, ejemplo de la maravillosa capacidad que tiene el ser humano de sobreponerse, adaptarse, asentir a lo ocurrido, mirar hacia delante y continuar viviendo.

En la intención de estas líneas, forzadas por una de mis pacientes, quedan lejos los tópicos tan desafortunados en mi opinión, “…si luchas ganas...” o “…el ánimo es lo más importante para vencer…”. Sólo pretenden ser, para todas aquellas personas que empiezan, están o continúan en relación con esta enfermedad, una referencia más, de muchas y muy buenas que hay por cierto.

“Tengo que decirle que el resultado de la biopsia ha sido de cáncer”.

Tras incertidumbres y tiempos de espera los resultados no dan lugar a error, el diagnóstico es el que todos temíamos. Pensamientos como: “no es posible, pero si me hago mis controles periódicos todos los años, esto no me puede ocurrir a mi”, “no puede ser”, “si nunca he padecido de nada”, “se habrán equivocado”; ocupan los primeros momentos del diagnóstico. Con menos frecuencia, también aparecen sentimientos de culpabilidad o castigo: “que he hecho yo para merecer esto”.

Envuelta en dudas y opiniones de todo tipo en poco tiempo ves como médicos, familia y amigos entran en tu vida, elaborando contigo todo un abanico de impresiones de lo más variable y cambiante. Centras la atención de tu entorno, el cual parece esperar contigo que llegue el día de la siguiente cita, de la siguiente prueba, el resultado del tratamiento o los efectos secundarios del mismo.

¿Qué puede ayudarte al principio?:

No le pierdas el ritmo a las cosas que llenan tu día a día, los hijos, la familia, los amigos...

Primero saber preguntar a tu médico, no tengas miedo, precisamente esta información puede que disipe mucha de la angustia que al inicio surge precisamente ante el desconocimiento. En este caso te toca ser él o la protagonista de esta historia; aprende bien lo que tienes que hacer si quieres hacer un buen trabajo del que estés orgullosa. Elimina, informándote, todas aquellas especulaciones que en un momento inicial muy importante, pueden resultar confusas, contradictorias. Debes de saber que la mayoría de los cánceres no tienen una causa que directamente provoquen su aparición, por tanto no son contagiosos, no están relacionados directamente con algo que hayas hecho o hayas dejado de hacer. No hay lugar para el sentimiento de culpa.

Trata de no parar tu vida totalmente, integra la enfermedad en el día a día. No le pierdas el ritmo a las cosas que te llenan: los hijos, la familia, los amigos, el trabajo, la hipoteca o el mundo que te rodea, continua su curso, no te bajes de él. Además de lo acontecido con tu enfermedad o el tratamiento, tendrás que continuar preguntándote ¿Qué tal, como ha ido todo hoy?

“Bueno tenemos que iniciar el tratamiento”

Tras el diagnóstico vienen las recomendaciones más o menos organizadas en las que intervienen muchos especialistas, cada uno de ellos ofreciéndote diferentes opciones de tratamiento.

Siempre van a solicitar tu autorización para iniciar su trabajo y en ocasiones pedirán tu colaboración en la selección de la mejor propuesta terapéutica. Aunque parezca que cada especialista te oferta una cosa diferente, sólo te están aportando lo que cada uno desde su especialidad considera que es lo más eficaz en tu caso concreto.

“…esto es un lío…” “…quién es mi médico…” “…a quién le cuento lo que me pasa…”

En todo este proceso vas a encontrar personas que, en ocasiones por encima de la relación profesional, te van a ayudar.

Te puede ayudar saber que, en el tratamiento del cáncer intervienen multitud de especialistas, todos con algo importante que hacer o decir para buscar la mejor de las soluciones.

Habitualmente son documentos llamados “protocolos”, los que organizan y ponen en orden la actuación de los diferentes facultativos implicados para cada uno de los casos, y también para el tuyo. Puede ser que te planteen un camino terapéutico largo en el que se sucedan cirugía, quimioterapia, radioterapia, rehabilitación etc. La coordinación entre ellos es fundamental.

Pregunta lo que quieras al que tú consideres y no te asombres si te remite a otro especialista para que de una forma más certera conteste tu pregunta. En todo este proceso vas a encontrar personas que de una manera muy comprometida, en ocasiones por encima de la relación profesional, te van a ayudar.

“Pensaba que todas las enfermedades tienen un tratamiento, ¿Cómo puede ser que para mi cáncer me estén planteando tres tratamientos diferentes? ¿Qué hace cada uno y por qué son necesarios?

El tratamiento del cáncer implica de forma directa a tres especialidades: cirugía, radioterapia y oncología médica y de forma indirecta a muchas más. Cada una de ellas trata de cumplir una misión muy importante.

La cirugía tiene como objetivo fundamental eliminar mediante la resección quirúgica completa el tumor, controlando así su crecimiento a nivel local. En ocasiones la cirugía también es capaz de extirpar la enfermedad metastásica evitando así igualmente las complicaciones que derivarían del crecimiento de la misma en los diferentes órganos y tejidos en los que la metástasis va a crecer. Igualmente la cirugía también aporta la información suficiente para establecer el estadio: es decir el tamaño del tumor y si afecta o no a los ganglios de drenaje o afecta a órganos. En ocasiones la cirugía no se puede hacer porque el tumor afecta a otros órganos, o bien porque sería muy mutilante y existe otra opción.

La radioterapia tiene el objetivo de completar el trabajo que hace el cirujano, el cual procura extirpar el tumor claramente visible y unos márgenes de seguridad (tejido sano). La radioterapia consiste en aplicar unas partículas invisibles procedentes de fuentes radiactivas o de aceleradores.

La experiencia observada en la evolución de algunos tumores, nos aporta la certeza de que en un porcentaje importante de los pacientes va a reaparecer la enfermedad en el mismo sitio en el que estaba el tumor inicialmente. Es lo que llamamos recurrencia local. La radioterapia tras la cirugía tiene como objetivo reducir la probabilidad de esta recurrencia local.

Para determinadas situaciones muy concretas la radioterapia se emplea como sustituto igualmente eficaz de la cirugía o para lograr reducir el tamaño del tumor y así mejorar las condiciones de la resección quirúrgica.

Por último el tratamiento del cáncer se completa en oncología médica empleando en muchas ocasiones fármacos que tienen como objetivo tratar el cáncer cuando éste se ha diseminado, existe una probabilidad de que lo esté o cuando no es posible la realización de un tratamiento local eficaz. Existen en la actualidad una gran cantidad de tratamientos cada vez más eficaces y menos tóxicos que han logrado en muchas ocasiones la curación del paciente, la cronificación de la enfermedad cuando ésta no es curable y el control de los síntomas que produce la misma, mejorando la calidad de vida.

En ocasiones las tres estrategias terapéuticas se suceden en diferente orden aprovechando para cada una de las situaciones la mejor de las ventajas de cada una.

Necesito saberlo para organizar mi vida ¿Me voy a curar?

Son pocas las personas, que de una forma directa me han hecho abiertamente la pregunta. Sin embargo, estoy seguro que el conocimiento del diagnóstico lleva adherida dicha cuestión debido a la asociación que aún tiene cáncer y muerte.

Teniendo en cuenta que el escenario en el que se desenvuelven los diferentes tratamientos así como su eficacia, han cambiado radicalmente la situación con respecto al pronóstico general de la enfermedad, se hace necesario dejar una serie de escenarios clínicos muy claros.

El primero de ellos sitúa al paciente en una situación que llamaremos “potencialmente curable”. Es la situación, por ejemplo, de un porcentaje cada vez mayor de personas en las que, tras una resección quirúrgica de su tumor y tras un tratamiento oncológico la paciente continua en revisiones periódicas durante unos años. No existe la manera, que de una forma certera, asegure que la enfermedad no va a reaparecer, es decir la curación de la enfermedad. Sin embargo, es conveniente saber que la probabilidad de la recurrencia es menor cuando el estadio de la enfermedad es precoz e igualmente disminuye a medida que transcurre tiempo desde la intervención quirúrgica.

La hipertensión, hipercolesterolemia, la diabetes, o la artrosis son enfermedades en ocasiones muy limitantes ...y para las que no existe con frecuencia un tratamiento curativo.

En numerosas ocasiones se produce la paradoja de que son mayores las probabilidades de padecer otras enfermedades que desconocemos y de la que no estamos pendientes, que volver a tener una recaída de esta enfermedad. Al igual que potencialmente puedes tener una recaída de la enfermedad; somos seres potencialmente enfermables por otras muchas causas, por tanto dedica tu atención de un forma ponderada a la enfermedad ya que es un hecho que puede ocurrir o no.

El otro de los escenarios es el de la incurabilidad, es decir objetivamente nunca vamos a poder decir que la enfermedad ha desaparecido. Aunque te parezca sorprendente, esta es una situación que se produce con mucha frecuencia, en medicina y en otras áreas. La hipertensión, hipercolesterolemia, la diabetes, o la artrosis son enfermedades en ocasiones muy limitantes con las que el paciente tiene que aprender a convivir y para las que no existe con frecuencia un tratamiento curativo.

Para el cáncer ocurre exactamente igual, existen situaciones de incurabilidad para las que hay tratamientos que controlan la enfermedad cada vez con una mayor eficacia y durante más tiempo. El esfuerzo que todos debemos hacer por eliminar los síntomas que enfermedad y tratamiento producen son clave para que el llamado control de la enfermedad se produzca.

Para finalizar, mi agradecimiento. Los años de trabajo como oncólogo médico me han dado la oportunidad y el privilegio de conocer en circunstancias diferentes, historias cargadas de ilusión por el día a día, incluso en las situaciones más desesperadas. He podido descubrir, hallazgo por el que me siento muy afortunado, que la clave no es otra que vivir hasta el último minuto.

Dr. D. Juan de la Haba Rodríguez.
Oncólogo Médico. Hospital Universitario Reina Sofía.
Córdoba, España.