Pentagrama
Por María Ferrer
Cuando todo era melódico y en Clave de Sol constante, se nos cruzaron las líneas del pentagrama y tu Do de pecho ya no es Sí en mis acordes, y tu estruendosa presencia desafina mis ideas.
La melodía común que cantábamos juntos al compás de nuestros días, rechina hoy en nuestros oídos. ¿Qué cambió? ¿Qué nota se perdió por el camino?
No hubo suficientes pausas, y la escala creciente de semitonos nos ha alborotado la partitura que veníamos escribiendo los dos: demasiados qué y Re haceres, constantes Mis que no “nos”, Las aparecidas a destiempo entre nosotros…
Me cantaste tantas nanas al oído que se adormilaron mis sentidos y al despertarse tras los años mis cuerdas casi rotas, la guitarra era más bien una bandurria, y ya no sonaba joven y elegante como antaño, mientras tú desflorabas violines en mi ausencia.
Mejor bajemos el telón sobre este barroco escenario y demos paso a jornadas de puertas abiertas en nuestro teatro, quizás entre la brisa fresca y nos traiga la inspiración renovada de mejores canciones y nuevos acordes allegros ma non tropo si aún cabe.
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