Tu misma

Por María Ferrer

Cierras la puerta al entrar y abres los ojos. Por fin existes. Inicias tu ritual cotidiano con el que vas recuperando poco a poco tu cuota de vida: colgar llaves, encender luces, abrir ventanas, colgar tu traje de faena y vestirte de ti misma, ir reconociéndote paulatinamente en el espejo a medida que recuperas tu identidad, la tuya, no la que se te ordena tener durante 10 horas diarias.

Cuántas veces has especulado con cambiar de vida… cada verano, cada fin de semana, cada año nuevo... o quizás cada vez que destapas tus sueños interrumpidos por la insistencia electrónica y numérica que te anuncia que acaba de empezar tu rutinario periplo diario: la ducha, el café, la ropa limpia, el autobús, los “buenos días” y manos a la obra.

Siempre pensaste que serías algo distinto, pero los años van llegando y no has cambiado tanto, al menos por dentro… sigues con tus sueños en el tablón de anuncios de tus proyectos frustrados… la chincheta algo más oxidada, pero el texto sigue siendo el mismo “Se busca mujer, mejor persona, más culta e independiente, más ilusionada con su trabajo, menos sensible, más positiva con su vida personal, más delgada y menos obsesiva, más sexualmente irresistible y creativa, menos impulsiva, más responsable, más multiplicable… más imposible”.

Para todas las mujeres reales.