Que "coñazo" es morirse... Sobre todo para los demás.

Por Marisol Montoro

Hola amiguitos...aquí estoy otra vez dando la
vara. Bueno más bien dando el pésame este mes de
noviembre (ya llegará la Navidad aunque yo casi no
lo noto porque soy pobre y “pa” mi es como si fuera agosto todavía); en fin, como iba diciendo después de la resaca de los difuntos he llegado a la conclusión de que es un "coñazo" morirse, sobre todo para los demás.

Lo que lían para irse al otro mundo; y no veas si
sale cara la mudanza. Más que una hipoteca en los
tiempos de Zapatero.

Como te caiga tener que organizar un entierro lo
que te espera... y escribo basándome en hechos reales como siempre. Una amiga mía ha estado tres días de entierrro. Ha “durao” más que una boda gitana colega...

Es más pesado esto de morirse que nacer, porque
tú naces y hala a la cuna del tirón; pero cuando te mueres venga caja “pacá”, caja “pallá”, que fuerte... Y el muerto a todo esto tendrá un cabreo dimensional esférico de ver que ni muerto lo dejan tranquilo... Y si está “reencarna” la criatura ya es cuando se muere dos veces en el mismo día viendo a la peña en el entierro.

¡Qué palo! El que se quiere ligar a tu pareja frotándose las manos porque por fin la has “palmao”, o ese otro que no te llegó a pagar los 1.000 euros que le dejaste sabe Dios para qué.

El tema es que cargar con el difunto es un coñazo.
Lo meten primero en la lata de sardinas, esto
es la caja metálica, que parecen eso, sardinas o atunes en la lonja, ya preparaditos.

Desde luego eso si, más fresquitos no van a estar
en su vida ¡perdón! en su muerte; luego ¡hala! otra vez para fuera, a la caja de pino que puede ser versión pino Veteado Armani, o tipo pobre del carajo como yo, versión madera caja de frutas, que se rompe a la primera humedad y se quedan todos los huesos fuera.

Venga ahora nos vamos al coche, otro paseo; la
caja se mueve más que una mesa camilla coja. A todo esto la familia y agregados están ya hasta la coronilla del muerto, ahora busca aparcamiento porque como ese día se hayan muerto dos o tres a la vez, lo llevas claro.

Y por fin llega el gran momento: al hoyo.

Esa es otra, ahí es cuando el difunto se rebela
porque se dice a él mismo ¿pero aquí me voy a quedar para los restos? ni muerto, si esto es peor que lo de los minipisos. Pero ¡leche! si no tengo ni sitio para cortarme las uñas y no digamos el pelo con lo que dicen que crece. Que va, yo salgo de aquí aunque tenga que reencarnarme
en un móvil, o en la dichosa Marisol esa.

Después dicen que las casas están encantadas ¿no lo van a estar? Ese es el difunto que está más cabreado que el que ha tenido que pagar el entierro. En fin que eso, que coñazo es morirse.

Posdata: Gracias a todas las criaturas que me leen que van a acabar muy mal de la mente.

Y a todos los que fuisteis a verme actuar en la Espiga el día 31 de octubre. ¡Anda que no lo
pasamos bien!