Respeto ante todo

Respeto ante todo

Ante las declaraciones efectuadas por el Obispo de Córdoba acerca de las relaciones sexuales en la sociedad actual, deseo reservarme la opinión personal, ya que no es mi intención en ningún momento hablar mal ni ofender a nadie, y menos, a ninguna institución pública.

En primer lugar, me parece algo impactante y sorpresivo que el Señor Demetrio Fernández haya utilizado la palabra “fornicación”, habiendo otros términos muchos más suaves. Sin embargo, creo que como representante mayor de la Iglesia, tiene pleno derecho a manifestar públicamente y aconsejarnos como hemos de vivir, siempre y todo ello, con total respeto y libertad (caminos esenciales en toda persona humana). Nadie tiene que imponer sus ideas y menos, obligar a cumplirlas, sin dañar por supuesto a los demás. Recordad lo dicho en el Evangelio: “Dios hizo al hombre libre, a su imagen y semejanza”.

Resulta muy bonito e ideal lo manifestado por nuestra mayor autoridad eclesial. Ojalá todo el mundo pudiera acceder al matrimonio de forma normal y sin ningún tipo de problemas. Dicha afirmación lo pensaba yo en mi adolescencia, pero el transcurrir de los años y la experiencia de la vida me han llevado a pensar diferente. La realidad es bien distinta. No todos somos iguales y el matrimonio se ha convertido es algo sectario (reservado para unos pocos. Ya lo dije en cierta ocasión).

Estoy totalmente de acuerdo con que la sexualidad hay que vivirla con amor, pero olvida Demetrio Fernández que hay personas que les es imposible acceder al matrimonio y, sin embargo, tienen derecho a vivir su vida sexual como vea conveniente, por supuesto, sin dañar a nadie. Lo he consultado con varios curas amigos y me han dado la razón. Yo, como persona y más, como católico, soy incapaz de prohibir o imponer algo a alguien, sobre todo, si desconoce su vida íntima. Si no he cumplido la norma, hablaré con Dios el día del juicio final y, si hace falta, vería justo que me castigara, pero mientras tanto…

Este mundo que nos ha tocado vivir es demasiado difícil y complicado. Ante todo, debe reinar el respeto, el amor y la tolerancia entre todos los seres humanos de la Tierra. Todo ello, sin perjudicar a nadie.

Rafael Ayala Marín