De humano oro el valle, en otoño vivo;
música y humo, de verde luz soñada.
El mundo de tu verso en madrugada,
envuelto en soles del oeste, fugitivo.
El mundo en verdad te dio un esquivo,
perfil de guerra, tú carne encarcelada.
Tu alma siguió en pie, por poco tiempo
hasta que el odio hizo otro cautivo.
Así ese hombre se vio encadenado
en su verso, con la sien azul de la pureza