Enviado por Virginia Fuentes el Jue, 02/18/2010 - 18:57
Había olvidado el placer, pero aquel día como por arte de magia, una oleada de fresca pasión se presentó mirándome a los ojos.
Apareció moreno y de ojos grandes. Sólo con su mirada parecía adivinar lo que yo quería escuchar en cada momento.
No sabemos exactamente dónde, pero sí que existió una civilización que había desterrado la letra “a” de su vocabulario. Si alguien utilizaba la vocal abierta, podía estar en peligro de ser acusado de utilizar un lenguaje políticamente incorrecto; se había instaurado la dictadura de la palabra.